Por Gilberto Ponce Vera

Un programa que muestra la versatilidad de la Orquesta Sinfónica de Chile, fue el ofrecido por el conjunto universitario en su treceavo concierto de la Temporada 2010, nos referimos al que tuvo como eje estuvo música vienesa.

Obras de Mozart, Schubert y de la familia Strauss fueron dirigidos por el experimentado y a la vez histriónico Peter Guth, quien confirmó ante la orquesta y el público que es un maestro en ese campo.

El público que atestó  el Teatro de la Universidad de Chile, no solo gozó escuchando a la orquesta, también  batió palmas, marcó ritmos con los pies o chifló, siguiendo las indicaciones de Guth en algunas de las obras de la familia Strauss. Los músicos  en una muestra de gran profesionalismo, enfrentaron obras que, muchas veces son consideradas menores con calidad impresionante, siendo reconocidos por los asistentes con una impresionante y merecida ovación.

La primera sorpresa vino al comienzo, cuando un niño vestido a la usanza de Mozart, entregó al director una bandeja plateada -al parecer el programa-, saludando luego con una gran reverencia al público, para reaparecer antes de otras obras, e incluso dirigir cuando el director invitó a los primeros violines a bajar a la platea en un “trencito” en una de las obras.

Comenzaron con el “Divertimento en Re mayor para Cuerdas” de Wolfgang Amadeus Mozart, en una estupenda versión, ajustada al estilo, con manejo espléndido de contrastes dinámicos, claridad en los diálogos y articulaciones, sus tres movimientos mostraron el gran nivel de las cuerdas de la Sinfónica.

Seguidamente Victoria Foust la hermosa y notable pianista rusa –también vestida siglo XVIII- interpretó el “Concierto N° 16 en Re mayor KV. 451 para piano y orquesta” de Mozart. La solista en el más puro estilo, mostró digitación impecable, fraseos inteligentes y perfecta sintonía con el director en todas las partes dialogadas de la obra, las “cadenzas” fueron sólidas y virtuosas.

Guth conservó muy bien los balances entre la solista y la orquesta, y el pequeño desajuste de “tempo”, al inicio en la orquesta, fue olvidado con el estupendo desarrollo del resto del concierto.

La comunicación entre Peter Guth y Victoria Foust logró un resultado del más alto nivel musical, que fue merecidamente reconocido por los asistentes,  obligando a la solista a ofrecer un delicioso “encore”

El programa, continuó con el “Intermezzo” de la música incidental escrita para el drama “Rosamunda” de Franz Schubert, la versión fue elegante, transparente y expresiva, señalemos que cada fragmento entregado a solistas de la orquesta fue impecable.

Finalizando la primera parte con una magnífica versión del “Vals del Emperador” de Johann Strauss (hijo) iniciando así la serie de obras de los Strauss.

En la segunda parte el director Peter Guth, que además es violinista, tomó su instrumento en algunas de las obras, para dirigir a la manera del rey del vals.

Para no abundar, destacaremos algunas de la excelencias, a manera de ejemplo, la entrañable versión de la Obertura del “Murciélago”, la chispa de la Polka “Trisch-Trasch” ambas de Johann Strauss hijo.

La Polka “cucú” donde el director dio inicio a su interacción con el público.

La extraordinaria elegancia y perfección de la “Polka Pizzicato”, o bien la evocadora belleza del celebérrimo vals  “En el bello Danubio Azul”, tanto como la espectacularidad de la “Polka, bajo truenos y relámpagos”.

A esas alturas el público estaba enfervorizado y literalmente de pie ovacionando a Guth y la Sinfónica, quienes respondieron con la tradicional “Marcha Radetzky” que casi provocó el delirio, entonces el director tomó al concertino para sacar a la orquesta del escenario, mal que mal el concierto había durado dos horas cuarenta.

Gilberto Ponce (CCA)

 

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